Y si te quedas, ¿qué?

“No sé si podré perdonarle”, me dijo viendo fijamente el plato de fruta que acababan de servirle, “lo que me hizo es algo que no podré olvidar”. El silencio reinaba. Su voz cansada continuó: ya sé, si alguien me pidiera este consejo le diría que se fuera. Fue entonces cuando –muchos años antes y sin saberlo– apliqué el “y si te quedas, ¿qué?”

En diferentes etapas he optado por hacerme esta pregunta al momento de tomar una decisión trascendental. Tal vez no como tal, pero sí sabiendo que el objetivo es vislumbrar qué pasara si decido retirarme o continuar en un proyecto o relación. No siempre resulta exactamente como me lo planteé, pero darme una idea sirve para reflexionar cómo me haría sentir estar en determinada situación.

Lo recomendable es vivir en el presente, es decir, tomar las cosas como vienen, pero cuando la incertidumbre te desvela, plantearte los giros que podrían darse hace que aceptar las consecuencias de tu decisión sea más sencillo. Seguramente habrá sinsabores o arrepentimientos, pero recordar el escenario en el que podrías estar sabiendo que no es lo que deseabas te mantendrá firme.

Así, afrontar una “realidad” fuera de tu zona de confort genera emociones casi tan reales que pueden llevarte a sentir preocupación o alivio. Gracias a ello, pocas han sido las veces en las que elijo cortar de tajo y desaparecer, ya que no hay motivos suficientes como para abandonarlo todo en búsqueda de algo “mejor”. De haberlos, ¡obvio no lo pienso demasiado y me voy!

¿Qué consejo le di a la persona con la que inicié esta reflexión? Que imaginara cómo sería su vida sin el ser amado, que si elegía irse no significaba que se estuviera acobardando, pero que si decidía quedarse tenía que perdonar y olvidar lo que había pasado. No lo dije, pero, como anticipé, el trasfondo era “puedes irte… y si te quedas, ¿qué?”

Derarrollado por OASIS STUDIO