#ViajandoConMike Xi´an y Pekín

Nos encontramos en la recta final del viaje. Tengo hambre, cansancio e insolación. Hemos caminado alrededor de 20 kilómetros por día. No he tenido contacto con mi familia y amigos debido a los problemas de conectividad y, aún así, ¡no tengo ganas de regresar!

Como saben, de pequeño soñaba con ser arqueólogo. Fue en aquel entonces cuando aprendí sobre los Guerreros de Terracota. Descubiertos en 1974 en lo que ahora es el Mausoleo del primer emperador de China, Qin Shi Huang, estas 8,000 figuras fueron mi principal motivación para visitar Xi´an. Haberlos visto tan perfectos como cuando los modelaron me hizo reflexionar sobre las capacidades del ser humano y, particularmente, sobre la trascendencia de nuestras acciones.

Nos faltaron días para disfrutar de Xi´an, pero era momento de conocer Pekín, la capital del país. Ni mal habíamos llegando cuando el destino nos dirigió hacia la Plaza de Tiananmén. No estaba preparado para lo que vería o cómo me sentiría: observado, indefenso, desconcertado y un poco angustiado. ¿¡Esto es China!?

En efecto, Pekín es contrastante. No hay luces espectaculares ni tanta tecnología. Es exactamente lo que íbamos buscando y, extrañamente, lo único que no estuvimos preparados para experimentar. La gente es amable, pero desconfiada. Todo me causaba confusión, estaba agobiado, cansado y vigilado, hasta que –en la cumbre de una montaña– me encontré con el Bodhisattva de la Compasión. Me bastaron cinco minutos con él para dejar de cuestionarlo todo y comprender nada.

Cuántas experiencias había vivido, pero aún faltaba la mejor: The Great Wall of China. Verla por primera vez fue asombroso: sencilla y soberbia; tan bélica y pacífica a la vez. La acuarela perfecta. Al llegar a la cima y disponerme a dar el primer paso fue que lo olvidé todo y caminé de nuevo por primera vez. Ya no importaba de dónde venia, sino hacia dónde me dirigía.

Y así llegamos al final de esta aventura. No sé qué me depare el destino. No sé si vuelva a viajar. Lo que sé es que, si esta fue mi última oportunidad, la disfruté al máximo. Espero que compartirte estas reflexiones te haya sido de utilidad, tal vez no para inspirarte a viajar, pero sí para encontrar la belleza en cada lugar, para entender que nada es permanente y que disfrutar del presente es como me he logrado encontrar en medio este mundo lleno de caos.

¡Gracias por viajar conmigo, Mae!

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