It's beginning to look a lot like Christmas!

Cuando se trata de festividades, siempre comienzo a celebrar de manera anticipada. Tan adelantada que a veces me dura todo el año. Como comprenderán, no me refiero vivir con la casa decorada, sino a mantener un espíritu alegre y optimista el mayor tiempo posible.

No me malinterpreten, la mayor parte del tiempo soy un Grinch, pero de vez en cuando recuerdo el mood de las fiestas y decido aferrarme a él a pesar de que pueda significarme un esfuerzo. Al final, soy quien convive más tiempo conmigo, así que el principal beneficiado de andar de buenas soy yo.

De las épocas festivas, mi favorita es Navidad. Hay algo con el frío, el ponche y los seres queridos que me llena de vitalidad. Comprendo que les resulte trillado y capitalista, pero les aseguro que no es –solo– por las compras que esta fecha me hace sentir felicidad.

Si he de continuar, alargar el espíritu decembrino es lo mío. Por ejemplo, hay quien hace resoluciones al final del año, yo las formulo sin importar el mes; otros esperan esta época para decirle a sus seres queridos que los aprecian, yo escribo o llamo cada que me nace. En cuanto a los regalos, suelo darlos en agosto. Lo mismo con los buenos deseos, la ayuda a los demás, la comprensión, el perdón, etc.

Por esto, te invito a recordar que Navidad es mucho más que villancicos, galletas de mantequilla e intercambios; también es amor, entrega y consideración. ¡Puede que vivirla te cueste trabajo, pero la satisfacción que te dejan las sonrisas sinceras y los buenos deseos termina por eclipsar aquella de no ser festivo, alegre y navideño!

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