Formándonos como líderes ft. Martha Guerra

Cuando recién comencé mi vida profesional tuve un nulo acercamiento al liderazgo. Afortunadamente, de mi pésima primera relación laboral aprendí todo lo que un jefe no debe hacer si es que quiere construir un equipo sólido y comprometido con la institución. 

Recuerdo como si fuera ayer aquel estilo de “liderazgo”: ley del hielo, humillaciones, gritos, manotazos sobre el escritorio, risas burlonas y mucho, mucho machismo. Gracias a Dios, después de esa experiencia, he tenido la fortuna de trabajar al lado de personas que saben incentivar y sacar lo mejor de su equipo.

Cada que me enfrento a nuevos retos, recuerdo la paciencia, asertividad y prudencia con la que algunos de mis jefes me han guiado. Esto me incentiva a seguir su ejemplo en pro de contribuir al desarrollo personal y profesional de quienes ahora integran mi equipo.

Así, a diario hago un esfuerzo por recordar lo importante que es sentirse valorado y motivado por quien dirige el barco. En definitiva, nadie tiene obligación de contribuir a tu desarrollo, por lo que siempre se aprecia la retroalimentación, la honestidad y la crítica constructiva que contribuya a hacernos mejores profesionistas.

En mi caso, aprendí por la mala las consecuencias estar bajo el “liderazgo” de personas sin visión o valores; lo cual me hace sentir afortunado de haber encontrado mentores que me impulsan a no repetir esos patrones, sino a buscar otros que resalten las cualidades individuales, dignifiquen a cada miembro de mi equipo y les hagan saber que más que un número son un integrante valioso que aporta con sus capacidades y habilidades al desarrollo de la institución y de todos nosotros. 

Derarrollado por OASIS STUDIO