Entre la ciencia y la Lucha libre ft. El Académico

En entrevista, El Académico confesó que el ansia de luchar viene de la depresión, de las irrefutables ganas de resultar lastimado, de la consciencia de que, en cualquier momento, puedes fallecer en la arena. Me parece que más de uno se sentirá identificado con esto. 

Comprender la fragilidad de la vida me hace adicto a actuar siguiendo a mi corazón. No importa si muero en el intento, si me he de ir será haciendo lo que amo. No hay segundas oportunidades para ser fiel a mí mismo, para hacer aquello que otros consideran atrevido, para averiguar de lo que soy capaz.

¡Basta de vivir a medias tintas! Lo tibio no le viene bien a nadie. ¡Concientízate de que esta puede ser tu última oportunidad! No con esto me refiero a que actúes por instinto (pues puedes dañar a otros), pero sí a que no te limites a lo convencional, a que te atrevas a “hacer el ridículo” y a que te convenzas de que tus decisiones solo deben satisfacerte a ti.

Así que dímelo, Mae: ¿qué grita tu corazón que acalla la razón? ¡Vamos, dilo y ya! No esperes a estar sobre el ring para hacerte escuchar. El que calla, otorga, y ver pasar la vida experimentando situaciones que no te satisfacen no es en nada diferente a rendirte antes de comenzar la lucha.

No esperes a estar sobre la tercera cuerda para sentirte vivo, mucho menos aguardes a poner un pie en la arena para presentir que esta puede ser la última vez. Recuerda que, como aclaró El Académico, la depresión y las ganas de salir lastimado se atenúan teniendo un objetivo, ¿qué mejor que amar apasionadamente quien eres, lo que haces y a los tuyos, para trazar una ruta que disfrutes hasta que llegué el día en el que el réferi te declare vencedor?

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