Amistándome con Soledad

Soledad es eso que todos sentimos cuando los seres queridos se van. Alguna vez, de regreso a la CDMX, escribí que el hueco que deja es tan grande que solo se puede llenar con pequeños –y cortos– suspiros. A veces provoca tristeza y otras tan solo añoranza. Con todo, se ha convertido en mi aliada.

Descubrir qué hacer con el tiempo cuando todos se han ido fue un reto al principio. Ahora me faltan horas para realizar aquellas actividades que me son de utilidad. Aprender que la soledad no es mi enemiga me hizo impulsarme hacia un nuevo lugar, uno en donde mi mejor compañero soy yo mismo y en el que he aprendido a disfrutar a los demás, sin sentirme culpable cuando se van.

Y sí, a veces la soledad te puede llevar a aislarte, a sentir que todo ha perdido sentido y que no vale la pena seguir. Sin embargo, debes saber que eres responsable del tiempo del que dispones y cómo decidas aprovecharlo es cuestión solo tuya.

Me han llegado a preguntar qué he encontrado en la soledad. ¿Lo más significativo? A mí mismo: lo que me gusta, lo que me aterra, lo que me engrandece, lo que me alimenta. De vez en cuando me topo con pared y descubro ideas que pueden doler, pero las enfrento una a la vez hasta que las hago desaparecer.

¡Así que basta de excusas y de sentir lástima! Quienes te aman te acompañarán a donde vayas. Es momento de disfrutar quien eres y de enfrentarte a nuevas experiencias. Piensa que la vida es un instante y que hoy estás solo y mañana puede que no. No es culpa de nadie, es circunstancial.

Es por eso que te recomiendo que dejes de huir de la incomodidad. Es cierto, no está padre sentir un hueco en el estómago, pero si ya estás ahí abrázalo y entrégate hasta que descubras cómo disfrutarlo. Tienes que aprender que los momentos de silencio son los más provechosos y que no hay por qué temer a tus pensamientos. Eres libre, Mae, para ser y hacer. ¿¡Por qué desperdiciar la oportunidad!?

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