Ámame cuando menos lo merezca

“Sé quien eres, o al menos aún creo saberlo. A pesar de los silencios y el distanciamiento, me rehúso a irme, a permitir que tu dolor gane y se lleve con él todo lo que hemos construido”, entre otras muchas palabras que quisiéramos decirle al ser amado que se aísla.

Comprender que nuestras personas más cercanas también pasan por dificultades hace más sencillo sostener su mano cuando ni ellos mismos quieren permanecer a su lado. Recordar los momentos felices que han pasado juntos te ayudará a no perder la paciencia durante el tiempo que dure el desconcierto.

No voy a mentir, soy de esos que intentan (desesperadamente) hacer sentir su aprecio a quien está pasando por un mal momento. Créeme: presionar no sirve de nada. Cuando alguien se siente ansioso, dolido o frustrado, no hay poder humano que le haga sentir amado. Solo queda ser constante y permanecer a su lado.

Así, he dejado de ofrecerme a abrir la puerta cuando alguien no encuentra la salida. No es que no quiera ayudar –porque es lo que más me gustaría–, pero cada uno tenemos procesos diferentes que requieren de tiempo para consolidarse. Por esto, he llegado a concluir que la mejor manera de estar es “estando”: sin preguntas, reproches ni condiciones, solo mantenerme a su lado por si en algún momento necesitan recargarse. 

De esta forma, mientras le pido al cielo que reacciones, solo puedo desear que la etapa acabe pronto, que te des cuenta de lo especial y maravilloso que eres; que sepas lo mucho que me importas y cuánto quiero que estés bien. Escúchame, y escúchame bien: tienes todo para salir adelante y ser feliz. Si supieras cuánto te admiro y tus muchas cualidades no sentirías temor. En lo que ese día llega, sábete que estoy aquí. No sé si estas palabras te consuelen, pero igual he decidido expresarlas, porque yo también he sentido que no merezco ser amado, cuando realmente es lo único que necesito.

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